Tabarca, la isla más grande y la única habitada del litoral alicantino, es un destino de vacaciones excepcional, incluso (o quizás especialmente) fuera de temporada. Tras el ajetreo de los meses veraniegos, Tabarca en otoño recupera la tranquilidad y se vacía lentamente, devolviendo a la isla el sosiego de antes de la llegada del turismo en los años 60.

Tabarca en otoño

Tabarca es, en verano, un destino de sol y playa y, como tantos otros similares, en verano se llena de turistas. Pero también es un sitio para disfrutar de la paz y la tranquilidad de una isla con edificios centenarios y playas en las que se pueden dar largos pasos, incluso en septiembre y octubre, y muy especialmente durante este otoño de 2019, con las temperaturas más elevadas de los últimos años.

La temperatura media en la zona en septiembre y octubre oscila entre unos 15 grados al amanecer y unos 29 grados sobre las 3 de la tarde, y la pluviosidad es muy baja, por lo que cuando se vacían las playas y los hoteles, se convierte en el lugar ideal para disfrutar del mar, tomar algo en cualquier terracita (ahora ya con mesas libres) o realizar excursiones para conocer el patrimonio histórico-artístico de la isla.

Tabarca ha sido durante al menos mil años un centro de operaciones militares. Lo han ocupado los romanos, los cartagineses y los piratas berberiscos, y luego, bajo el reinado de Carlos III, se convirtió en la primera línea de defensa ante esos mismos piratas. Su muralla, sus tres puertas barrocas y el propio pueblo viejo de Tabarca, con la Torre de San José, hoy cuartel de la Guardia Civil, lo atestiguan. ¿Por qué no aprovechar el otoño suave del Levante para descubrirlo?

Y, si algún día hace mucho calor, no olvidéis que ahí siguen las playas, con su agua a casi 20 grados, perfectas para el último chapuzón de la temporada.

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